Decisión de abandonar Europa

No fue un momento repentino. Fue más bien algo que maduró lentamente en mí. Empecé a notar cosas que antes no me molestaban: el ambiente a mi alrededor, la política, las interminables reglas y la sensación de que, en lugar de vivir, siempre estaba resolviendo y explicando cosas.

Tras la pandemia, todo se intensificó. Las empresas quebraban, los negocios cambiaban y el mundo que había conocido durante décadas parecía haberse desvanecido. En lugar de libertad, había más controles, más regulaciones y más caos. Y por primera vez, me pregunté: ¿por qué quedarme donde ya no quería estar?

No se trataba del dinero. Se trataba de la sensación. Solo se vive una vez y no quieres desperdiciarla luchando contra cosas que no puedes cambiar. Una noche abrí un mapa del mundo. No para irme de vacaciones. Sino para averiguar dónde podría ir a vivir.