Viajar en autobús a Lima… bueno, no es un viaje rápido, pero ahí reside el encanto. Te sientas, miras por la ventana y te preguntas, ¿qué país es este?
Sinceramente esperaba aburrimiento. Algo así como ir del punto A al punto B y listo. Pero entonces todo empieza a cambiar… un rato nada más, luego montañas, luego un paisaje completamente distinto. Realmente como si alguien estuviera cambiando de canal. Y tú solo te sientas y miras. ¿Cuántas veces he tenido el móvil en la mano y luego me he dicho, ¿para qué, si esto es mejor que cualquier feed?
¿Y los Andes… en serio? Eso no son montañas, eso es otra cosa. Enormes, silenciosas, un poco aterradoras. De repente, te sientes diminuto, insignificante. Y en medio de eso, un autobús lleno de gente que lo toma con total normalidad. ¿Cómo es posible que esto sea una rutina para ellos?
A mi lado un tipo habla por teléfono, alguien conversa, alguien duerme, alguien come… y tú estás en medio de todo eso. Nada de burbuja turística. Simplemente realidad. A veces una parada en algún lugar al lado de la carretera, comes algo, miras a tu alrededor y te preguntas, ¿dónde demonios estoy?
Y luego sigues, horas… quizás ya te está molestando un poco, no voy a mentir 😄 pero al mismo tiempo sabes que esto no lo experimentarías en un avión. Y cuando se acerca Lima, te dices: sí, fue largo, pero valió la pena. ¿O no? 😄














